Glaucoma

El glaucoma es una enfermedad ocular crónica que daña progresivamente el nervio óptico, encargado de transmitir la información visual desde el ojo al cerebro. Este daño, generalmente asociado a un aumento en la presión intraocular (PIO), puede conducir a una pérdida irreversible de la visión si no se detecta y trata a tiempo.

El glaucoma es una de las principales causas de ceguera en el mundo y, en sus etapas iniciales, suele ser asintomático, lo que dificulta su diagnóstico temprano. A medida que avanza, los pacientes pueden experimentar pérdida del campo visual periférico, conocida como «visión de túnel».

Existen diferentes tipos de glaucoma, siendo los más comunes:

  • Glaucoma de ángulo abierto: El más frecuente, caracterizado por un drenaje deficiente del humor acuoso.
  • Glaucoma de ángulo cerrado: Menos común, pero puede ser una emergencia médica debido a un aumento súbito de la PIO.

El tratamiento del glaucoma tiene como objetivo reducir y controlar la presión intraocular para prevenir o ralentizar el daño al nervio óptico. Las opciones más comunes incluyen:

  • Tratamiento farmacológico:
    • Uso de colirios que disminuyen la producción de humor acuoso o mejoran su drenaje, como los análogos de prostaglandinas, betabloqueadores o inhibidores de la anhidrasa carbónica.
  • Láser:
    • Trabeculoplastia láser: Mejora el drenaje del humor acuoso en el glaucoma de ángulo abierto.
    • Iridotomía periférica láser: Utilizada en casos de glaucoma de ángulo cerrado para prevenir crisis agudas.
  • Cirugía:
    • Trabeculectomía: Procedimiento que crea un drenaje alternativo para reducir la PIO.
    • Implantes de dispositivos de drenaje: Se utilizan en casos avanzados o cuando otros tratamientos han fallado.

El manejo del glaucoma requiere un enfoque personalizado, ya que la respuesta al tratamiento varía según el paciente y el tipo de glaucoma.

El tratamiento del glaucoma es imprescindible en los siguientes casos:

  • Diagnóstico confirmado: Cuando un examen oftalmológico revela aumento de la PIO o daño al nervio óptico.
  • Pérdida progresiva del campo visual: Incluso en etapas iniciales, es crucial iniciar tratamiento para frenar la progresión.
  • Glaucoma avanzado: En estos casos, la cirugía puede ser necesaria para preservar la visión restante.
  • Factores de riesgo elevados: Personas con antecedentes familiares de glaucoma, mayores de 40 años, pacientes con miopía alta, hipertensión o diabetes, deben ser evaluadas y tratadas si se detecta glaucoma.
  • Crisis de glaucoma de ángulo cerrado: Es una urgencia médica que requiere tratamiento inmediato, generalmente con láser o cirugía.

Detectar el glaucoma a tiempo mediante revisiones oftalmológicas regulares es clave para preservar la visión y evitar complicaciones irreversibles.